Los pilares del motor docente
Durante el IX Congreso Internacional Escuelas que Aprenden en Perú, celebrado los pasados 17 y 18 de julio, tuvo lugar la intervención de Francisco Ferrer, director del colegio Trilema Soria, quien trajo al escenario una mirada cálida, profundamente humana y centrada en la esencia de la labor docente. Bajo el sugerente título «Profes que inspiran a profes: Una comunidad que aprende», Ferrer invitó al auditorio a hacer una pausa en el camino y poner sobre la mesa las preguntas verdaderamente importantes: ¿Para qué somos profesores? ¿Qué es aquello que nos mueve a cruzar la puerta del aula cada mañana?
A través de una lograda metáfora sobre las cosas que cada docente lleva en su mochila diariamente: burocracia, expectativas familiares, exigencias de la dirección y la propia complejidad del aula… Demostró que el peso de esa carga se reduce significativamente cuando el docente reconecta con el sentido primigenio de su profesión.
Los tres pilares del motor docente
Para mantener viva la llama de la enseñanza en medio de las exigencias cotidianas, Ferrer articuló el desempeño profesional en torno a tres ejes fundamentales que actúan como verdadero motor interior:
- La mejora continua: La búsqueda constante por ser un profesional un poco más completo cada día.
- La motivación y la autonomía: La capacidad de tomar la iniciativa, investigar y transformar la propia práctica de forma libre.
- El propósito: El sentido profundo que da coherencia a todo el esfuerzo invertido en la escuela.
La mentalidad de crecimiento: ¿Inteligencia como altura o como fuerza?
Uno de los momentos más reveladores de la conferencia llegó cuando el ponente planteó una pregunta directa a los asistentes sobre su propia percepción del talento y la capacidad: ¿Cómo ves la inteligencia? ¿Como la altura o como la fuerza?
Ferrer explicó que concebir la inteligencia como la altura implica entenderla como un rasgo predeterminado e inalterable, lo que genera resignación y apatía. Por el contrario, verla como la fuerza supone asumir que, mediante el entrenamiento, la perseverancia y la dedicación, siempre se puede mejorar. Esta visión que el docente tiene sobre sí mismo determina radicalmente su actitud en el aula: marca la diferencia entre trabajar con ilusión renovada o dejarse llevar por la inercia.

Innovación, autonomía y el despertar de la vocación
En este contexto de desarrollo continuo, la autonomía no es un mero concepto teórico, sino una herramienta de transformación cotidiana. Ferrer animó a los educadores a investigar, probar nuevas metodologías y observar qué efectos reales tienen en el aprendizaje de sus estudiantes. «Los docentes tenemos que probar cosas nuevas para ver qué efecto tienen en nuestros alumnos», subrayó, recordando que cuando un maestro redescubre su capacidad de decisión, su motivación se dispara.
Recordando la célebre premisa de que quien encuentra un para qué es capaz de encontrar cualquier cómo, el ponente enfatizó que la vocación docente no solo se vive, sino que se contagia. La misión principal de la escuela es ofrecer a los estudiantes la mayor diversidad de experiencias posible, abriéndoles ventanas al mundo para que ellos también puedan descubrir y despertar sus propias vocaciones.
La jornada cerró con una idea que resonó como una llamada a la acción para toda la comunidad educativa: un docente debe buscar brillar y ser mejor cada día, no por ego, sino para encender la chispa y hacer brillar a sus propios alumnos.
